El principio regulador de la adoración (Una doctrina olvidada)
Esta es una de las doctrinas olvidadas por muchas de las iglesias, que en el pasado fue muy valorada. Es curioso que cuando alguien le pregunta a algún pastor de cualquier denominación si conoce el principio bíblico regulador de la adoración, no sabe responder que es, sin embargo, en el pasado todos lo tenían muy presente.
En la Confesión Bautista de 1689 vemos este principio, también más antes en la Confesión de Westminster, al igual que en los escritos de reformadores como Juan Calvino. Básicamente hubo un punto en la historia que se discutió esto, y fue en la época de los puritanos del siglo 17; la Iglesia Anglicana, que en aquel entonces era una réplica inglesa de la Iglesia Católica Romana, sostenía un principio llamado "Principio Normativo de la Adoración", el cual debía ser acatado por todas las iglesia del país por orden del rey, y consistía básicamente en la idea de que en el culto de adoración a Dios el Domingo podemos hacer no sólo lo que Dios nos manda en la Biblia (Orar, Cantar, Bautista y Cena del Señor, Lectura y predica de las Escrituras), sino también aquellas cosas que el Señor no prohíbe. Eso en el día de hoy se podría ejemplificar con hacer dramas, mímicas, Cantar feliz cumpleaños en medio de la adoración a Dios. O sea, el principio normativo de la adoración enseñado por la Iglesia Anglicana consistía en que lo único que no podemos hacer es lo que Dios prohíbe, y por tanto, quedamos libres para hacer lo que queramos en el culto de adoración, ellos parten de la premisa que Dios no regula la adoración en el Nuevo Pacto. A esto se opusieron firmemente los puritanos, ellos enseñaron lo que la Biblia enseña, el "principio regulador de la adoración", que es la doctrina bíblica que enseña que en la adoración del día del Señor no sólo debemos cuidarnos de no hacer lo que Dios prohíbe sino también lo que él no nos ha pedido que hagamos, por tanto, para los puritanos era muy claro que la Iglesia Anglicana estaba en desobediencia.
A menudo los que niegan esto aluden al hecho de que Jesús dijo a la Samaritana que la adoración en el Nuevo Pacto no iba a ser ni en Samaria ni en Jerusalén, sino en cualquier lugar donde se le adore en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24); sin embargo, este texto enseña que la adoración a Dios no está limitada en el Nuevo Pacto a un lugar específico sino que en cualquier lugar se le puede adorar siempre que se haga en espíritu y verdad, pero nada dice este texto de que Dios no regula la adoración pública en el Día del Señor.
La cuestión está ligada a la persona de Dios, o sea, este principio existe por como es Dios. Nadab y Abiú en Levítico 10 mueren por hacer "fuego extraño", en el texto no se dice que hicieron algo que Dios les prohibió, sino que hicieron algo que Dios no les ordenó, y Dios mandó fuego del cielo y los quemó ¿pasó esto porque estaban simplemente en el Antiguo Pacto? No, el Antiguo Pacto no tenía nada especial sobre esto, era una cuestión de que ellos no conocían a Dios por no prestar atención a lo que él ya había dicho. Expliqueme esto mejor.
Dios había dejado claro también que no quería que le hicieran imagen alguna ¿Por qué razón prohibió esto? Bueno, primero entendamos que era una cuestión moral que no se limitaba al Antiguo Pacto, sino que siempre a sido pecado, ahora bien, está prohibición es debido a que cuando el hombre quiere usar la materia como medio para adorar a Dios haciendo una imagen, el hombre reduce a Dios, la gloria del Señor no se puede limitar a una simple estatua, lo cual es una afrenta para Dios; por tanto, cuando Dios mató a Nadab y Abiú por hacer algo que él no les mandó fue por una razón similar, es muy poco humilde de parte de nosotros creer que podemos saber la mejor manera de adorar a Dios, primero porque somos limitados y segundo porque somos pecadores, por tanto, nuestra capacidad para determinar la mejor forma de rendir una adoración a Dios puede hacer que cuando nosotros decidamos la manera de adorarlo hagamos un desastre. Entendamos que la adoración no va dirigida al hombre, es a Dios a quien va nuestra alabanza y adoración, por tanto, es Él el que sabe mejor como quiere ser adorado. Pensar que nosotros conocemos a Dios lo suficiente como para determinarlo por nosotros mismo es muy pretencioso.
En 2 Tim 3:16 se enseña la doctrina de la suficiencia de las Escrituras, y también en muchos otros textos; esta doctrina enseña que todo lo que necesitamos saber para ser salvos, vivir la vida cristiana, para organizar la Iglesia, y en fin todo lo que tiene que ver con el cristiano y su santificación, está contenido en la Biblia, ella es suficiente porque su autor es omnicienciente y infinitamente sabio, por lo que debemos recurrir a la Biblia y no a nuestra imaginación a la hora de preguntarnos "¿Qué debo hacer este domingo en la adoración congregacional?".

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